domingo, 10 de abril de 2016

ANIMAL MAS GRANDE DEL MUNDO



El rorcual azul ( Balaenoptera musculus), o ballena azul (aunque realmente es un rorcual, pues científicamente la denominación «ballena» sólo se aplica a la familia Balaenidae), es una especie de cetáceo misticeto de la familia Balaenopteridae.

 Mide entre 24 y 27 metros de longitud y pesa entre 100 y 120 toneladas, lo que lo convierte en el mayor animal del mundo, no solo en la actualidad sino también el mayor del que se tenga noticia en la historia.

Existen al menos tres subespecies distintas: B. m. musculus, del Atlántico Norte y Pacífico Norte; B. m. intermedia, del océano Antártico y la B. m. brevicauda (también conocida como ballena azul pigmea), que se encuentra en el Índico y en el Pacífico Sur. Existen dudas sobre la atribución como una cuarta subespecie de la B. m. indica, que también se encuentra en el océano Índico.

 Como otras ballenas barbadas, su dieta consiste principalmente en pequeños crustáceos conocidos como krill. 

El rorcual azul tiene un cuerpo largo y esbelto que parece delgado en comparación con la constitución más rechoncha de otros misticetos. La cabeza es grande (abarca aproximadamente un cuarto de su cuerpo), plana y en forma de «U», con una cresta que va desde los espiráculos hasta el extremo anterior del rostro. La parte frontal de la boca es gruesa con entre 300 y 400 barbas a cada uno de sus lados, cada barba con una longitud de alrededor de un metro, y que cuelgan de la mandíbula superior, son particularmente anchas (50 cm) en proporción a su longitud.


Cuando respira en la superficie, el rorcual emite un denso y espectacular chorro de agua que puede alcanzar una altura de entre 6 y 12 m, (generalmente en torno a los 9 m) que puede ser visto desde una gran distancia en un día de mar tranquilo. Su capacidad pulmonar es de 5.000 litros. Los rorcuales azules tienen un espiráculo doble, protegido anterior y lateralmente por una prominencia mayor que en los demás rorcuales. 

Los rorcuales azules pueden alcanzar velocidades cercanas a los 50 km/h (27 nudos) cuando se sienten amenazadas, aunque su velocidad habitual de desplazamiento es de 22 km/h (12 nudos).. 

Determinando el género por el análisis de su ADN, un estudio constató que las parejas de rorcuales azules adultas están formadas por lo general por un macho y una hembra y a menudo han sido vistas juntas durante un largo período, aunque también se ha constatado que algunos machos se han emparejado con hembras diferentes en distintos momentos. 

 Comúnmente viven solos o en pareja, aunque se pueden observar grupos de hasta siete individuos; donde hay grandes concentraciones de alimento se han registrado hasta 60 ejemplares reunidos en una misma zona. Sin embargo no forma los grandes grupos que se observan en otras especies de misticetos.

Los rorcuales azules eran abundantes en casi todos los océanos hasta comienzos del siglo XX. Durante más de 40 años fueron cazados hasta casi su extinción, lo que obligó a su protección por la comunidad internacional en 1966. Un informe de 2002 estimó su número entre 5.000 y 12.000 ejemplares en todo el mundo, localizados en al menos cinco grupos, aunque una investigación más reciente sobre la subespecie pigmea sugiere que estos datos pueden ser una subestimación. Antes del comienzo de la caza comercial de ballenas, la población más numerosa era la de la Antártida, con alrededor de 239.000 ejemplares. Actualmente sólo quedan concentraciones mucho menores (de alrededor de 2.000 individuos) en el Pacífico nororiental, Antártico e Índico. Hay dos grupos más en el Atlántico Norte y por lo menos dos en el Hemisferio Sur. 




sábado, 9 de abril de 2016

EL TIEMPO DE LA SOLEDAD





         En algún momento debimos escoger entre lo que era semejante a nosotros y lo nuevo, extraño y  ajeno. Optamos por renegar de nuestros ancestrales parientes, a los que consideramos inferiores a pesar de ser ramas de un tronco común, en el remoto origen de la vida. De a poco nos fuimos aferrando  a este nuevo orden, cautivante por cierto, pero de  naturaleza distante y muy diferente a la nuestra. De pronto nos vimos entre calles, edificios, vehículos y maquinarias de toda índole, sintiéndonos amos de este nuevo y fascinante mundo. El encanto, sin embargo, duró poco y no tardó en transformarse en un profundo sentimiento de incomodidad y luego de desengaño.

Las más básicas de nuestras necesidades, como el comer, debían ahora ser satisfechas con esos elementos extraños e indefinidos, en forma de cajas, latas y polietileno. Ya era demasiado tarde para volver al origen, al seno materno el cual nos resultó entonces igual de ajeno. ¿Cómo volver al frío, al trabajo duro de la tierra o a la inseguridad del bosque? Así nos quedamos solos en el comienzo del tiempo de la soledad. En un mundo superpoblado, sin barreras de comunicación y sin distancias, esta inmensa soledad aparece como una situación paradójica.

 Únicamente entendiendo la poderosa dependencia que el hombre tiene con los demás seres, se podrá llegar a comprender este fenómeno tan sórdido como actual. El hombre está hecho para vivir en compañía, en comunicación con lo que le rodea. Si aquello no existe, estará total e irremediablemente desubicado de su realidad y todo sentido de su existencia se perderá y entonces se sentirá derrotado y desamparado, con una inconsolable sensación de soledad, aún en medio de toda la vasta e infinita Creación.

         En este cansancio del alma, como podríamos llamarlo, se pierde hasta la noción de sí mismo, es decir del semejante. El hombre se siente tan solo que ya no se identifica ni con su propia especie, que se le aparece tan distante e inasequible como todo lo demás. Se va creando de esta manera, el germen de las grandes injusticias en formas tan variadas como el desprecio, la intolerancia, el egoísmo, el racismo y el genocidio. Ya no es solamente el hombre contra la Naturaleza, sino que contra todas las formas, mundos y existencias.

         Entre las múltiples consecuencias de ese vacío se destaca un agudo sentimiento de temporalidad e inmediatez. Ante la falta de salidas a su crisis de existencia se encierra en un presente cada vez más estrecho, en donde sólo el momento, lo inmediato vale la pena de esta vida. Es en este escenario, en donde el placer de lo fácil parece ser lo más cuerdo y en donde lo planeado, duradero y eterno ya no tienen sentido.

Es así como la lenta y tediosa obra de la Naturaleza ya no encuentra simpatizantes, en un mundo que demanda cambios cada vez más rápidos, fáciles y temporales. En la práctica esto se traduce en que se van perdiendo las razones para, por ejemplo, defender la permanencia de un bosque de cientos de años, importando únicamente el provecho que hoy se le pueda sacar, total el mañana es algo incierto, desde el momento que perdimos el camino para buscarlo.

 



lunes, 4 de abril de 2016

LA LUCHA POR LA VIDA


         El hombre siempre ha tenido que luchar contra la naturaleza y sus elementos. Al principio esto parecía heroico y hasta titánico, debido a la debilidad de una especie que aún no contaba con las herramientas adecuadas y debía arreglárselas únicamente con la ayuda de su ingenio. Pero a medida que fue desarrollando las técnicas e instrumentos especialmente diseñados para facilitar la tarea de conquistar el medio, aquella lucha pasó a ser un simple trámite. Él era ahora omnipotente y podía tomar todo lo que quisiera, con las escasas limitaciones impuestas por los costos de producción y una que otra resistencia garabateada en alguna ley gubernamental. La Tierra había perdido la batalla quedando a entera merced de la codicia humana. El siglo XX será recordado como la funesta centuria de la claudicación planetaria. En esta guerra sin sentido, no queda más que rescatar una pequeña porción del botín, que los mercenarios de grises trajes reclaman. Todo es saqueable, nada se escapa a la ola devastadora de destrucción y muerte. En este trámite, todos exigen su tajada. Algunos, más violentos que otros, llegan y toman sin dar explicaciones. Otros, más civilizados, deben aparentar una mayor cordura e inventan mecanismos más sutiles que bautizan bajo fórmulas más convincentes como “desarrollo sustentable” o “conservación y manejo”. Todo, sin embargo, llega a lo mismo, porque ¿cómo puede haber  manejo sustentable con un bosque de alerces de dos mil años? ó  ¿Cómo puede hacerse una “explotación racional” de ballenas en peligro de extinción?


         ¿Qué buscamos?, ¿Cuál es nuestro destino? ¿Es correcta la senda que seguimos?, ¿Somos eternos?, ¿Lograremos superar nuestras debilidades y corregir a tiempo nuestros errores?, ¿Nos olvidaremos por completo, a fuerza de nuestra vanidad, de que existe un ser único y supremo? Estas son preguntas que muchos nos hacemos, aún a riesgo de aparecer como locos ante la complaciente sonrisa de la humanidad.

sábado, 2 de abril de 2016

CHIMPANCE COMUN EN EXTINCION



Es un animal en
PELIGRO DE EXTINCIÓN.

Es difícil calcular exactamente cuántos chimpancés quedan en el mundo. Se estima que quedan menos de 100.000 chimpancés en todo el mundo, una cifra crítica y en la mayoría de los países, entre un 45 y un 81 por ciento de la población de estos animales vive fuera de las áreas protegidas, por lo tanto van a seguir desapareciendo hasta que se logre ampliar estas áreas y así proveer la infraestructura adecuada para cuidarlos.

 El chimpancé desaparecería probablemente para el 2015 viviendo en libertad.

El ser humano y el chimpancé se separaron evolutivamente de un ancestro común hace solo dos millones de años pero aun compartimos entre un 97%  y un 99% de los genes. Si bien hasta ahora la historia evolutiva del chimpancé sigue siendo un verdadero misterio. Es innegable que tenemos  un parentesco demasiado estrecho para permitirnos dejar que desaparezcan.

En los últimos 18 años, la población de chimpancés ha declinado en un 90 por ciento en África occidental, es decir han desaparecido casi todos y pronto se extinguirán.